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Pepi Sánchez

Pepi Sánchez fue pintora sevillana nacida en 1929 y afincada en Madrid desde 1958, donde vivió hasta su muerte en 2012.

Poseedora de un singular estilo muy imaginativo, de reminiscencias oníricas y con un marcado gusto barroquizante en sus composiciones, su obra, independiente de modas y tendencias representa una original aportación a la plástica española. La innovadora utilización de piedras, sin manipular, como soporte de su pintura supuso un importante legado. En estas, sus personajes abandonan las extrañas arquitecturas que habitan en sus cuadros para adaptarse a los recovecos, dando como resultado una sorprendente mezcla de pintura y escultura.

De vocación muy temprana, ingresa con tan solo 12 años de edad en la Escuela de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría de su ciudad natal, Sevilla. Allí, como evidenciarán sus calificaciones y premios, sus profesores quedan cautivados por las dotes de esa niña. Más tarde, estos mismos profesores se sentirán decepcionados cuando, acabada su formación, ella abandone el naturalismo de gusto oficial que dominaba con destreza, para comenzar un nuevo camino lleno de rupturas.

Frente al tradicionalismo dominante, ‹‹hizo eso que empezó a llamarse "Arte Moderno", negándose a pactar con el pretérito oficioso›› como escribiría Moreno Galván en la presentación de su primera exposición individual en Madrid (1954). Desde aquella, nos han sido brindadas más de medio centenar de oportunidades donde contemplar su obra.

Poco a poco fue gestando su particular estilo, fácilmente reconocible a pesar de mantenerse en continua evolución. Con una marcada imaginación, fue llenando sus obras con personajes fantásticos y legendarios, con paisajes increíbles y oníricos, y como si de un manual para interpretación de sueños se tratara, nos empezó a obsequiar con títulos mitad enigmáticos, mitad clarificadores con los que nos invitaba a descifrar ese mundo tan mágico y personal.

En su repertorio iconográfico abundan ángeles, niños, brujos, animales fantásticos, princesas, personajes legendarios.... habitantes de paisajes y arquitecturas imposibles que tienden a transportarnos a ese dulce lugar común que hallamos en los recuerdos de la infancia y en los buenos sueños. Pero también encontramos a feministas reivindicativas, príncipes azules despreciados, cariátides cansadas de serlo, estrellas que se apagan... con unos mensajes que sin perder su dulce iconografía, tan característica, no por ello dejan de ser críticos y contundentes.